Evidencia científica, beneficios y riesgos
Cuando nos acercamos al tema del cannabis en el tratamiento del síndrome de Tourette, no tardan en aparecer múltiples preguntas —algunas clínicas, otras éticas, muchas atravesadas por mitos o información contradictoria:
¿Realmente el cannabis puede reducir los tics o su efecto es indirecto (por ansiedad o atención)?
¿Qué son los cannabinoides: THC y CBD?
¿Qué tipo de evidencia existe —testimonios, estudios clínicos, RCT— y qué nos dice cada uno?
¿Es seguro para adultos? ¿Y para niños o adolescentes?
¿Cómo se administra y qué riesgos funcionales o legales implica su uso?
Son preguntas que disparan todo de tipo de respuestas, muchas de ellas sin sustento confiable. Es por ello, que celebro y agradezco profundamente a la asociación internacional Tics and Tourette across the Globe (TTAG), en especial a su Comite de investigación, por acercarnos esta información a traves de webinarios.que aportan conocimiento riguroso y necesario para la comunidad Tourette, de la mano de algunos de los expertos más reconocidos a nivel internacional. Porque iniciativas como esta contribuyen a que tanto familias como profesionales, sostengan un diálogo global informado y comprometido.
Por qué hablar hoy de cannabis y Tourette
El aumento del interés en el cannabis como tratamiento para los tics de la Síndrome de Tourette (ST) ha cobrado impulso tanto por testimonios personales como por la gran cobertura mediática alrededor del tema. El webinario “Cannabis in Tourette Syndrome: The Evidence, The Promise, and the Perils”, organizado por TTAG y llevado a cabo por el Dr. Elia Abi‑Jaoude del Hospital for Sick Children (Toronto), aborda estos temas desde una perspectiva médica basada en evidencia. Especialista en neuropsiquiatría del desarrollo, lleva más de 15 años explorando este enfoque terapéutico, motivado inicialmente por las experiencias directas de sus pacientes.
Como representante de Acovastta ante TTAG , al compartir este webinario, persigo un doble objetivo: por un lado, acercar en castellano información actualizada y basada en evidencia a quienes desean comprender mejor las opciones terapéuticas disponibles en el Tourette; por otro, visibilizar el trabajo que venimos realizando desde TTAG para fortalecer redes de apoyo, abrir conversaciones necesarias y promover prácticas clínicas éticas y fundamentadas.
Qué sabemos según la evidencia científica
El Dr. Abi‑Jaoude relata cómo comenzó su interés profesional en el uso de cannabis para tratar tics: fue en 2009, poco después de terminar su formación clínica, cuando conoció a una joven adulta con Tourette que ya había probado múltiples tratamientos sin éxito. En una fiesta, consumió un poco de cannabis y, al volver a casa, su familia notó que sus tics habían desaparecido. A partir de ahí, ella lo empezó a usar, pero no quería hacerlo de forma ilegal: buscaba acceso a cannabis medicinal.
El doctor reconoce que en ese momento no sabía cómo prescribirlo, nunca lo había hecho, y además tenía muchas reservas por la falta de evidencia científica y los posibles efectos adversos. Sin embargo, la paciente fue clara: “He subido 50 kilos con risperidona, me dormí toda la secundaria con clonidina… esto me funciona”. Aquello lo hizo reflexionar…
Juntos aprendieron el proceso para acceder a cannabis medicinal. Y no fue un caso aislado: con el tiempo, empezaron a llegar más pacientes con historias similares. El equipo médico comenzó a considerar el uso de cannabis incluso en casos donde el paciente no lo pedía, especialmente cuando otros tratamientos habían fallado. Siempre con adultos.
THC y CBD: ¿qué son y cómo actúan?
Antes de analizar los efectos del cannabis en los tics, el Dr. Elia Abi‑Jaoude considera importante entender de qué estamos hablando cuando mencionamos THC y CBD, los dos compuestos más conocidos de esta planta. Aunque a menudo se los agrupa como “lo mismo”, lo cierto es que tienen propiedades, efectos y riesgos muy distintos. Saber cómo actúan en el cerebro nos permite entender por qué uno de ellos parece tener efecto terapéutico en Tourette… y el otro no.
- THC (delta-9-tetrahidrocannabinol): es el principal responsable del efecto psicoactivo del cannabis. Actúa como agonista parcial de los receptores CB1/CB2 del cerebro, modulando funciones como el movimiento, la percepción y la ansiedad. Es el compuesto que muestra efecto terapéutico en los tics.
- CBD (cannabidiol): no produce efectos psicoactivos y modula negativamente esos receptores. Aunque es prometedor en epilépsias raras, no reduce los tics por sí solo.
“El efecto anti-tic parece venir del THC. No hay evidencia de que el CBD por sí solo reduzca los tics», asegura el Dr.Abi‑Jaoude.
- Entiendo que lo que señala el doctor con esa frase es que, aunque muchos productos con CBD se publicitan como “naturales” o “seguros”, ningún estudio ha demostrado que el CBD solo (sin el componente psicoactivo) tenga efecto terapéutico en los tics. En cambio, sí hay ensayos clínicos que muestran una reducción de síntomas cuando se usa THC o una combinación que lo contenga. Lamentablemente es muy frecuente que que cuando vayamos a una tienda que vendan CBD de venta libre nos lo recomienden para los tics, contando maravillas de ellos.
Tipos de evidencia
Para evaluar si el cannabis —y en particular el THC— tiene un efecto real sobre los tics, es fundamental mirar qué tipo de estudios se han hecho y cómo se interpretan sus resultados. No toda la evidencia tiene el mismo peso, y entender las diferencias entre los enfoques metodológicos nos ayuda a ver con más claridad qué sabemos realmente… y qué no.
Aprender a leer la evidencia también es aprender a pensar como piensan los investigadores: con cautela, con preguntas abiertas, y con una mirada crítica que no se queda solo con el primer dato prometedor. De esta manera, el Dr. Elia Abi‑Jaoude nos presenta tres tipos de investigaciones:
- Estudios retrospectivos: En este tipo de estudios, se observa a personas que ya estaban usando cannabis por su cuenta, generalmente con fines terapéuticos. Los resultados suelen ser bastante positivos: la mayoría reporta mejoras en la frecuencia e intensidad de sus tics.
- Desde mi lectura clínica, me parece importante señalar un sesgo estructural en este tipo de estudios: solo participan quienes han continuado usando cannabis, lo que implica que probablemente hayan percibido algún beneficio. No se contempla a quienes lo probaron, no vieron mejoras, o experimentaron efectos adversos y decidieron dejarlo. Esto reduce la diversidad de experiencias analizadas, limita el alcance de las conclusiones y tiende a sobreestimar su eficacia.
También invita a ser cuidadosos con frases como “a muchas personas les hace bien”, que suelen circular en redes o incluso en entornos clínicos: esa afirmación, por sí sola, excluye silenciosamente a todas las personas a las que no les hizo bien, pero que dejaron de usarlo y ya no forman parte del relato.
- Desde mi lectura clínica, me parece importante señalar un sesgo estructural en este tipo de estudios: solo participan quienes han continuado usando cannabis, lo que implica que probablemente hayan percibido algún beneficio. No se contempla a quienes lo probaron, no vieron mejoras, o experimentaron efectos adversos y decidieron dejarlo. Esto reduce la diversidad de experiencias analizadas, limita el alcance de las conclusiones y tiende a sobreestimar su eficacia.
- Estudios abiertos: En este tipo de investigaciones, se ofrece cannabis a un grupo de pacientes sin ocultarles qué están tomando. A diferencia de los estudios retrospectivos (que solo recogen experiencias de quienes ya usan cannabis), aquí sí se incluye a personas que podrían no obtener efectos positivos. Los resultados suelen ser más moderados, pero en general siguen mostrando mejoría en los tics.
- Aunque estos estudios permiten incluir una muestra más diversa, sigue presente un sesgo importante: al saber que están recibiendo cannabis —una sustancia ampliamente asociada, tanto en medios como en la cultura popular, con efectos positivos— los pacientes pueden experimentar una mejoría influida más por la expectativa que por el efecto farmacológico en sí. El efecto placebo sigue siendo un factor relevante cuando no se ciega la intervención.
- Esto también nos enseña a estar atentos cuando escuchamos frases como “tomalo, seguro te hará bien”. Ese tipo de recomendaciones, aunque bien intencionadas, pueden estar cargadas de proyecciones, mitos o experiencias individuales que no necesariamente se traducen en eficacia general para todos.
- Ensayos clínicos aleatorizados y controlados (RCT): Son el estándar más riguroso de la investigación clínica. En este tipo de estudios, ni el paciente ni el profesional saben si están recibiendo el tratamiento activo (en este caso, cannabis con THC) o un placebo. Esto permite evaluar si los efectos observados se deben realmente al fármaco, y no a expectativas previas.
- Personalmente, me parece importante subrayar que este tipo de diseño también protege frente a algo que vemos con frecuencia en temas tan mediatizados: el riesgo de sugestión. Cuando un profesional dice “te voy a dar cannabis”, aunque lo haga con cautela, ya hay una carga simbólica fuerte. Y cuando un paciente cree que va a recibir “eso que todos dicen que ayuda”, también puede predisponerse a notar mejoras, incluso si lo que toma es un placebo. Estos estudios, al cegar ambas partes, eliminan ese efecto halo y nos permiten observar con más honestidad qué tan eficaz es realmente la intervención.
Lo relevante entonces que explica el Dr. Elia Abi‑Jaoude es que en los RCT más recientes, sobre todo uno realizado en Australia, los pacientes que recibieron una combinación de THC y CBD en aceite (con predominio claro del THC) mostraron mejoras significativas en sus tics en comparación con quienes recibieron placebo. Además, cuanto mayor era el nivel de THC en sangre, mayor era la mejora observada. En cambio, los niveles de CBD no se relacionaban con ninguna mejora, ni siquiera leve. Es decir tiene efecto sobre los tics, pero también tienen un coste: los efectos adversos.
Vías de administración más recomendadas
Aunque el cannabis recreativo se puede fumar, la vía preferida en medicina es el consumo oral (aceite o cápsulas), porque permite un control más estable de la dosis. Inhalarlo (por vaporización) también se considera aceptable si el paciente busca un efecto rápido, pero fumarlo directamente está desaconsejado por los daños pulmonares asociados
¿Cuándo se considera oportuna su administración?
El cannabis no reemplaza a las terapias conductuales ni a los fármacos más tradicionales, como los agonistas alfa-2 o los antipsicóticos. De hecho, las principales guías clínicas internacionales recomiendan considerar el cannabis solo cuando lo anterior no ha funcionado o no es tolerado.
Es decir, no es un tratamiento de primera línea. en este sentido, Las guías clínicas recomiendan:
- Terapia conductual (intervención global para tics CBIT, Reversión del hábito, exposición y prevención de respuesta)
- Medicación tradicional (agonistas alfa‑2, antipsicóticos)
- Cannabis medicinal (con THC), solo cuando lo anterior no ha funcionado y en adultos, con supervisión médica.
¿Y los niños?: riesgos específicos en menores de edad
El cannabis en niños con calidad controlada (1)1 debe verse como una línea roja , es decir no es una alternativa terapéutica aceptada debido a que el riesgo de psicosis crónica por consumo de THC en cerebros en desarrollo es significativo.
El Dr. Abi‑Jaoude solo lo ha considerado en adolescentes mayores, con tics severos, múltiples tratamientos fallidos y bajo monitoreo estricto, usando cannabinoides farmacológicos estandarizados, no cannabis natural.
- Teniendo en cuenta la información sumistrada por el Dr. Abi‑Jaoude, entonces, podemos inferir, que, si incluso los abordajes medicinales con THC quedan desaconsejados en población pediátrica —salvo en casos extremos y bajo estricta supervisión médica—, con mayor razón debe descartarse por completo cualquier uso no médico del cannabis en niños y adolescentes.
Esto incluye prácticas que, lamentablemente, se han empezado a ver en redes sociales o en algunos espacios informales: recomendaciones de administrar cannabis “natural”, sin indicación clínica, sin control de dosis, o adquirido en canales de venta libre, muchas veces sugerido por personas sin formación médica. Este tipo de intervenciones —aunque bienintencionadas— no solo carecen de sustento científico, sino que pueden suponer riesgos graves y sostenidos para el neurodesarrollo infantil.
- Cuando el Dr. Abi‑Jaoude y otros profesionales clínicos hablan de «cannabis con calidad controlada», se refieren a productos que:
- Han sido fabricados bajo estándares farmacéuticos: con procesos regulados, dosis precisas, pureza garantizada y ausencia de contaminantes (como hongos, metales pesados o pesticidas).
- Tienen una composición conocida y constante: es decir, se sabe exactamente cuánta cantidad de THC y CBD contienen por mililitro, cápsula o puff. No hay variaciones lote a lote como ocurre en productos artesanales o del mercado informal.
- Están legalmente autorizados para uso médico: en países donde el cannabis medicinal está regulado, solo ciertos productos (aceites, sprays, cápsulas) cumplen estos criterios y pueden ser recetados por profesionales de la salud.
O sea que, “calidad controlada” implica que no estamos hablando de marihuana de uso recreativo, ni de aceites “naturales” sin supervisión, sino de formulaciones médicas estandarizadas, producidas con rigurosidad similar a cualquier otro fármaco.
¿Por qué el cerebro en desarrollo es más vulnerable?
El Dr. Abi‑Jaoude subraya que el principal riesgo en niños y adolescentes al consumir THC no es simplemente el efecto inmediato, sino el impacto a largo plazo sobre el desarrollo neurológico. El cerebro en estas etapas atraviesa procesos críticos de maduración —especialmente en las áreas relacionadas con la regulación emocional, el juicio, la memoria y la percepción—.
El sistema endocannabinoide, sobre el que actúa el THC, regula funciones clave del neurodesarrollo, como la poda sináptica y la plasticidad neuronal. Al interferir con estos procesos, el THC puede aumentar significativamente el riesgo de desarrollar trastornos psiquiátricos graves, como psicosis persistente, especialmente cuando el consumo es frecuente, en edades tempranas y en cerebros con vulnerabilidad genética.
¿Qué recomienda el Dr. Abi‑Jaoude en la práctica?
En adultos, el cannabis medicinal con THC puede considerarse como opción solo en casos donde los tratamientos convencionales (terapia conductual y medicación) han fallado o no se toleran. Siempre bajo supervisión médica, con dosis mínimas efectivas y reevaluación periódica.
En adolescentes, el doctor es categórico: “Solo lo uso en adolescentes en casos extremos, cuando ya hemos probado absolutamente todo lo demás.” Y aun en esos pocos casos, sugiere comenzar con formulaciones farmacológicas estandarizadas, no con la planta entera ni productos recreativos. El monitoreo debe ser estrecho, y la decisión clínica, compartida con la familia, considerando muy bien los riesgos neurológicos, cognitivos y emocionales.
En niños: no es una alternativa segura ni aceptada por la evidencia.
Reflexión final: lo que todavía no sabemos
El THC presenta una línea terapéutica prometedora para adultos con Tourette, pero no es una cura milagrosa. Su uso requiere:
- Evaluación clínica rigurosa, ante la promoción exagerada del cannabis.
- Protocolos rigurosos para ajustar dosis, controlar efectos adversos y definir duración.
Existen muchas preguntas pendientes de resolver, tales como:
¿Qué tipos de tics responden mejor?
¿Hasta cuándo es seguro mantenerlo?
¿Cómo diferenciar los efectos del THC de los de otros componentes?
Estas cuestiones, además, nos llevan a otros temas tales como:
- Las diferencias entre uso terapéutico y recreativo del cannabis.
- La Influencia de la expectativa del paciente. Hasta qué punto puede la expectativa subjetiva generar una mejoría ilusoria o distorsionada de sus efectos.
- Cómo influye la industria del cannabis en el discurso médico.
El debate no termina, sino que continúa hacia la ética, la regulación, la salud pública y el compañamiento clínico realista.
Resumen de evidencias y orientación clínica
| Tema | Evidencia / Conclusión |
| ¿Qué funciona para tics? | El THC muestra efecto positivo; el CBD no. |
| Evidencia más robusta | RCTs en adultos con extractos orales (THC + CBD). |
| Efectos adversos | Somnolencia, lentitud cognitiva, mareo, fatiga. |
| Edad recomendada | Solo adultos. En adolescentes, solo en casos extremos y con supervisión. |
| Vías de administración | Oral (aceite) preferida; vaporización aceptable; fumar desaconsejado. |
| Guías clínicas actuales | Solo tras fracaso en terapia conductual y medicación convencional. |
| Rol del CBD | Sin efecto sobre los tics; no mejora combinándolo con THC. |
| Uso en menores de 18 años | No aceptado ni seguro; alto riesgo de daño cerebral |
Si os interesa escuchar el webinario completo de TTAG podéis verlo aquí: