Claves de la investigación del Dr. Kevin Black y colaboradores
El síndrome de Tourette se caracteriza por la presencia de tics motores y vocales que, de un día para otro, pueden cambiar de manera sorprendente. Muchas familias se preguntan: “Si ayer los tics eran leves, ¿por qué hoy parecen incontrolables?”.
La experiencia suele ser desconcertante. Los padres, casi sin darse cuenta, se transforman en investigadores incansables. Observan qué ocurrió en la escuela, qué pasó en casa, qué comió su hijo, qué actividad hizo, e intentan encontrar la clave de por qué los tics aumentan o disminuyen. Los adultos que conviven con Tourette, por su parte, prueban caminos muy diversos: desde tratamientos farmacológicos y estrategias psicológicas, hasta cambios en la alimentación, suplementos nutricionales o técnicas de relajación. Algunos se animan a ensayar con cannabis medicinal, otros recurren a oligoelementos o a lo que escucharon que “podía ayudar”. Y también hay quienes buscan respuestas en lo espiritual: si habrá algún mal detrás, si las vidas pasadas podrían explicar la llegada de los tics y, quizás, su marcha.
Pero hay algo que conviene recordar: no existe un tratamiento que “cure los tics”. Como decimos muchas veces, los tics no se curan porque no son una enfermedad. Son una forma distinta de funcionar del cerebro. Lo que sí ocurre es que, en algunos momentos de la vida, esa manera de funcionar puede alterar el bienestar y generar sufrimiento; en esas ocasiones hablamos de trastorno. En otros momentos, los tics se viven más como una condición, como una característica que acompaña, y que no siempre interfiere de manera significativa.
El Tourette, en definitiva, no es un único cuadro fijo ni una identidad cerrada. Es una condición que cambia a lo largo de la vida, que puede desafiar y desbordar, pero también puede abrir caminos de autoconocimiento y resiliencia. Comprenderlo así ayuda a dejar de buscar una “cura milagrosa” y empezar a pensar en cómo vivir con mayor calma y bienestar, aceptando que cada día puede ser diferente.
Por eso me pareció muy importante compartir este trabajo sobre los factores que influyen en la severidad de los tics en el síndrome de Tourette, a partir de la revisión realizada por el Dr. Kevin J. Black, publicada en Journal of Clinical Medicine (2022, jcm-11-05930). Se trata de una forma de mirar en profundidad qué elementos pueden aumentar o reducir los tics, más allá de la percepción cotidiana de las familias o de los propios pacientes.
El Dr. Kevin J. Black es psiquiatra y neurólogo en la Washington University in St. Louis (EE.UU.), y se ha convertido en un referente internacional en la investigación sobre Tourette. Su trayectoria combina estudios de neurociencia básica con la práctica clínica diaria, lo que le permite tender puentes entre lo que ocurre en el laboratorio y lo que sucede en la vida real de las personas con tics. Su gran objetivo es comprender qué regula la aparición, supresión y variabilidad de los tics en distintos contextos, y cómo esos factores pueden ser aprovechados para mejorar el bienestar de quienes los padecen.
Año tras año, en el Congreso Internacional de Tourette, el doctor Kevin Black nos acerca estas revisiones y actualizaciones que son tan esperadas por clínicos y familias. Se trata de recopilaciones muy valiosas, porque permiten organizar lo que sabemos, descartar hipótesis sin evidencia y abrir nuevas preguntas para la investigación. Y, sobre todo, porque nos ayudan a comprender que detrás de la variabilidad de los tics no hay azar ni “misterio” sin explicación, sino procesos biológicos, emocionales y ambientales que interactúan de formas complejas.
El artículo no es un estudio con pacientes nuevos, sino una revisión narrativa que recopila y analiza críticamente decenas de investigaciones previas. El enfoque se centra en factores ambientales, emocionales y fisiológicos que influyen en la severidad de los tics en el síndrome de Tourette. Los factores que influyen en la severidad de los tics se relacionan con circuitos que incluyen ganglios basales, cerebelo, tálamo y corteza. Estos sistemas son modulados por el ambiente y explican por qué los tics cambian de un momento a otro. El Dr. Kevin Black subraya que los tics son dinámicos y contextuales. Comprender los factores que influyen en la severidad de los tics en el síndrome de Tourette permite personalizar la intervención, mejorar el día a día y ofrecer a las familias herramientas más efectivas. A continuación, veamos qué se sabe sobre estos factores.
Factores que influyen en la severidad de los tics
En su revisión bibliográfica, el Doctor Black y su equipo identificaron los siguientes factores:
- Fatiga / sueño deficiente.
- Ansiedad / estrés emocional
- Pensamientos relacionados con el tic
- Presión por observación o atención al tic
- Distracción o enfoque en actividades
- Recompensas para la supresión del tic
- Ejercicio físico
- Dieta y suplementos
- Situaciones sociales / contexto interpersonal
- Exposición en redes sociales / contenido mediático
Sueño y fatiga
Dormir poco o dormir mal suele incrementar los tics. No es raro encontrar en el síndrome de Tourette despertares nocturnos, terrores del sueño o distintas parasomnias. Cuando logramos mejorar la higiene del sueño, en muchos casos se observa también un mejor control de los tics.
Más allá de que el desajuste en neurotransmisores como la serotonina desempeña un papel importante en las alteraciones del sueño, también sabemos que los hábitos influyen de manera directa en el cerebro. Como ya descubrió Ramón y Cajal, la práctica cotidiana genera cambios a nivel neuronal. Por eso, trabajar de forma consciente en la construcción de buenos hábitos de sueño puede marcar una gran diferencia.
Durante la pandemia escribí un artículo específico sobre este tema, con pautas prácticas para favorecer el buen dormir, incluso en momentos de cuarentena. En mi experiencia como psicóloga especializada en Tourette, puedo comprobar que muchas de las alteraciones del sueño se relacionan con la falta de atención a estas rutinas básicas. Por eso, os animo a revisarlas y a intentar poner en práctica algunos de estos cambios, si reconocéis que aún no forman parte de vuestro día a día.
Ansiedad
La ansiedad es uno de los desencadenantes más frecuentes en el aumento de los tics. Se genera un círculo vicioso difícil de romper: más ansiedad, más tics; más tics, más ansiedad. En algunos casos, incluso, aparecen lo que se conoce como tic attacks: crisis prolongadas en las que los tics se intensifican, directamente vinculadas al nerviosismo. Todavía hay mucho por difundir en torno a este fenómeno.
Es importante recordar que los tics que comienzan en la infancia, como ocurre en el síndrome de Tourette, no son causados por la ansiedad. Sin embargo, no cabe duda de que la ansiedad es un condicionante importante en su agudización. Ahora bien, ¿todos los niños que ven aumentados sus tics lo hacen por ansiedad? No necesariamente. A veces será la ansiedad, otras veces intervendrán diferentes factores —como los que revisa esta investigación— y en muchos casos será una combinación de varios condicionantes.
Y hay veces, sencillamente, que no lo sabemos. El Tourette nos recuerda con frecuencia lo mucho que aún queda por investigar y comprender.
Un factor muy interesante que destaca Kevin Black es el de los pensamientos relacionados con los tics. Muchas veces no es el tic en sí lo que aumenta la urgencia, sino lo que la persona piensa alrededor de él.
Hay pensamientos de anticipación, como cuando alguien está esperando que el tic aparezca: “ya viene, ya viene”. Esa expectativa, casi como una profecía que se cumple sola, termina activando el tic. También existen pensamientos de interferencia, que son los que giran en torno a la preocupación por el impacto: “me van a mirar”, “van a notar mi tic”. En esos casos, la ansiedad asociada se convierte en combustible para que el tic se intensifique. Y están los pensamientos de permiso: cuando uno se dice internamente “ya está, lo hago y me lo saco de encima”. En ese instante, el cerebro deja de resistirse y el tic aparece con toda su fuerza.
Lo que vemos aquí es cómo la mente, con su capacidad de anticipar, controlar o liberar, se convierte en un modulador central de los tics. No siempre son solo reflejos automáticos: también se ven atravesados por la forma en que la persona piensa y se relaciona con ellos. Por ello en la terapia CBIT trabajamos directamente en reestructurar estos pensamientos
Atención
Pensar en los tics, hablar de ellos o incluso mirarse en un espejo suele empeorarlos. En cambio, cuando la persona logra enfocarse en una tarea atractiva o absorbente, los tics tienden a disminuir. Este fenómeno está bien descrito en la clínica y se trabaja, por ejemplo, con terapias cognitivo-conductuales, que ayudan a romper ese círculo. Lo vemos muchas veces en consulta: un paciente llega tranquilo, pero en cuanto comenzamos a hablar de los tics, estos aparecen de inmediato, como si al recordarlos se activara también la necesidad de hacerlos. No significa que vaya a quedarse con el tic durante todo el día; es un efecto pasajero.
Ahora bien, pensemos qué ocurre cuando alrededor hay alguien constantemente pendiente. Padres que observan cada movimiento de su hijo, o parejas que insisten durante toda la tarde: “cálmate”, “hazlo más bajo”, “contrólalo”. Lo más probable es que esas frases, lejos de ayudar, aumenten la urgencia de realizar el tic. A veces ocurre lo contrario: la persona consigue camuflar o suprimir sus tics por un tiempo, forzando el control bajo tensión. Sin embargo, al cabo de un rato suelen regresar con más intensidad. Es como si el esfuerzo por reprimirlos hubiera acumulado una presión que, tarde o temprano, necesita salir.
Estrés
Bajo los efectos del estrés agudo, como puede ser hablar en público, los tics a veces disminuyen. Es como si en esa situación de máxima exposición el cerebro activara, casi de manera automática e inconsciente, un mecanismo de supresión. La persona está en un entorno desconocido, frente a gente a la que nunca ha visto, y de pronto los tics “desaparecen”.
En cambio, en la vida cotidiana, los pequeños estresores del día a día suelen tener el efecto contrario: aumentan los tics. La presión de una jornada laboral tensa, el cansancio acumulado de la escuela, una semana de exámenes… ese estrés sostenido en el tiempo puede intensificarlos y hacerlos más difíciles de controlar.
La sensibilidad, sin embargo, es muy individual. Cada persona con Tourette responde de forma distinta a estas circunstancias, y lo que para unos supone un alivio momentáneo, para otros puede convertirse en un detonante.
Recompensas y supresión
Cuando los niños reciben un refuerzo inmediato por el esfuerzo de suprimir tics, suelen lograr una reducción significativa. Este principio es la base de la CBIT (Comprehensive Behavioral Intervention for Tics), considerada la terapia conductual más eficaz en el síndrome de Tourette.
En la práctica, ese refuerzo puede darse a través de un elogio, de unas palabras de reconocimiento, o incluso de algún privilegio previamente pactado con la familia. Lo importante es que la recompensa no se centre en si efectivamente disminuyó o no la cantidad de tics, sino en reforzar el intento, la constancia, la buena voluntad de practicar.
Es esa experiencia de “lo estás intentando y vale la pena” la que ayuda al niño a entrenar el autocontrol y a sostener el trabajo diario, sin añadir la presión de tener que lograr un resultado inmediato.
Distracción y observación
Algunas personas tiquean más cuando están solas, otras cuando sienten que las observan. La influencia del contexto social es muy variable y, por eso, debe evaluarse en cada caso de manera individual. La gran mayoría de mis pacientes admiten que, cuando están a solas, sus tics aumentan. La explicación suele ser sencilla: es el momento de soltarlos con libertad. Igual que cualquiera de nosotros, que en la intimidad nos relajamos, nos despeinamos o adoptamos la postura más cómoda, para alguien con Tourette esto incluye poder dejar salir los tics sin tener que contenerlos. En cambio, la presencia de otros tiende a disminuirlos. Nos ocurre a todos: nos sentamos erguidos, nos acomodamos, cuidamos la forma. Ellos hacen lo mismo, solo que con sus tics.
Por otra parte, hay un fenómeno curioso: cuando la persona está muy pendiente de los tics o de esa sensación extraña que aparece justo antes, la urgencia aumenta. La atención funciona como un filtro. Cuanto más se enfoca en el tic, más se intensifica; en cambio, cuando la mente se ocupa en otra actividad absorbente —leer, dibujar, conversar, jugar—, el cerebro destina más recursos a esa tarea y deja en segundo plano la necesidad del tic.
Además, nuestro cerebro dispone de “frenos naturales”, situados en regiones como los ganglios basales y la corteza prefrontal, que ayudan a controlar los movimientos. Cuando nos concentramos en algo, poniendo el foco en otro punto, esos circuitos se activan y logran contener parte de los impulsos motores automáticos, de modo que la frecuencia de tics disminuye.
También entran en juego la motivación y las emociones positivas. Cuando algo resulta interesante, divertido o estimulante, se encienden circuitos cerebrales vinculados al placer y a la motivación. Esto no solo reduce la urgencia de los tics, sino que también suaviza esas sensaciones previas que tantas veces resultan incómodas.
Factores sociales y culturales
Durante la pandemia, se observó un aumento de tics funcionales asociados a TikTok y otras redes sociales. Además, la sensibilidad al rechazo social y los conflictos interpersonales agravan la severidad de los tics. Es muy conocido cómo los niños y adolescentes ante situaciones de bulling viven un aumento de severidad de tics. También en algunos adultos se puede observar que, luego que sus tics hubieran casi desaparecido al llegar a la madurez neuronal, muchos experimentan un agravamiento debido a conflictos interpersonales. Por ello, es tan importante generar mecanismos de autocuidado, gestión emocional, no solo en los niños, sino también en los adultos.
Música y ejercicio
Tocar un instrumento, cantar, escuchar música o practicar deporte suele reducir los tics de manera notable. Estos factores no solo actúan sobre los tics, sino que también disminuyen la ansiedad y elevan el estado de ánimo, generando un círculo positivo.
Cuando una persona hace música —ya sea tocando, cantando o bailando— se pone en marcha un patrón motor altamente organizado y secuenciado. Algo parecido ocurre en la tartamudez: al cantar, la fluidez mejora porque el habla se convierte en un acto rítmico y continuo. En el Tourette sucede algo similar: el cerebro activa redes rítmicas y motoras automáticas que compiten con la generación del tic. En lugar de movimientos fragmentados, impulsivos y poco predecibles, la actividad motora se transforma en una coreografía interna guiada por el ritmo. Ese orden, esa cadencia, parece ofrecer al cerebro un andamiaje que da menos espacio a la irrupción de los tics. También se observa que la música involucra audición, ritmo, propiocepción y emoción a la vez. Esta sincronización con el tempo musical “resetea” la actividad motora, haciéndola más regular y menos vulnerable a descargas involuntarias. Se cree que esta integración sensorial crea un estado de coherencia neural que estabiliza los movimientos.
El ejercicio físico es otro factor que puede reducir de manera significativa la frecuencia de los tics. Se ha visto que durante la actividad deportiva los tics tienden a disminuir, y que este efecto, aunque en menor medida, puede mantenerse también en el período inmediatamente posterior.
Un estudio encontró, además, una relación clara entre la práctica de ejercicio y una reducción de síntomas asociados, como los comportamientos obsesivo-compulsivos, la ansiedad y la depresión en niños con trastornos de tics. Esto nos lleva a pensar que parte del beneficio observado en la mejoría de los tics podría explicarse por esa influencia positiva sobre el estado emocional y el bienestar general. En la práctica clínica, esto coincide con lo que muchas familias relatan: después de jugar al fútbol, de correr, de nadar o de bailar, los tics suelen estar más calmados. El movimiento sostenido, junto con la liberación de endorfinas y la descarga de tensión acumulada, parece ofrecer al cerebro un respiro que se traduce en menos urgencia de tic.
Dieta y suplementos
Las encuestas muestran que cafeína, azúcares refinados y ultraprocesados empeoran los tics. En el Tourette, los tics emergen por un desequilibrio en circuitos cortico-estriado-talámico-corticales, modulados principalmente por dopamina, glutamato y GABA. Los estimulantes como la cafeína o los azúcares aumentan la excitabilidad de estos circuito. Esto hace que sea más difícil inhibir movimientos automáticos.
En cuanto a suplementos:
- Probióticos, N-acetilcisteína y omega-3 no han mostrado eficacia clara.
- Estudios piloto sugieren que L-teanina + vitamina B6 y magnesio + B6 podrían tener efectos positivos, aunque falta evidencia sólida. Suplementos como L-teanina, magnesio y B6 podrían favorecer un estado de calma neurofisiológica, aumentando la eficacia de los frenos inhibitorios (prefrontal, ganglios basales). Sin embargo, la evidencia clínica aún es débil, y no se recomienda sustituir tratamientos basados en evidencia (CBIT, farmacoterapia) por estos suplementos.
Exposición en redes sociales / contenido mediático
En los últimos años se ha observado un fenómeno llamativo: la exposición a contenido de tics en redes sociales puede influir en la expresión de los propios tics. Algunos clínicos han reportado que, tras ver vídeos en plataformas como TikTok, Instagram o YouTube, ciertos adolescentes experimentan un aumento de sus tics o incluso la aparición de formas de tic que antes no tenían.
Aunque todavía es un área poco estudiada y se necesitan más investigaciones, la hipótesis es que la observación repetida de movimientos o sonidos ticosos puede actuar como un modelado inconsciente, sobre todo en cerebros jóvenes y altamente sensibles. Algo parecido a lo que ocurre cuando un niño imita expresiones o gestos de sus compañeros sin darse cuenta.
Kevin Black subraya que este fenómeno no explica el origen del síndrome de Tourette, pero sí puede modular su expresión en algunos casos. Por eso resulta clave acompañar a los adolescentes en el uso de las redes, hablar con ellos sobre lo que consumen y diferenciar entre contenido divulgativo serio y vídeos que pueden tener un efecto de imitación no deseada.
En la práctica, muchos padres refieren que, cuando sus hijos pasan tiempo viendo este tipo de vídeos, los tics se intensifican. Y al limitar esa exposición, suelen observar cierta mejoría. No se trata de prohibir de manera tajante, sino de educar en un uso consciente y equilibrado de las redes, ofreciendo además otros espacios de apoyo e identificación con la comunidad Tourette, como asociaciones, grupos de pares o testimonios basados en evidencia.
Implicaciones clínicas y recomendaciones
- Crear entornos neutrales respecto a los tics
Una de las recomendaciones que más se repite en la literatura y en la práctica clínica es la importancia de construir un entorno neutral en relación con los tics. Ni castigarlos ni reforzarlos. Kevin Black insiste en que cuando los adultos están demasiado pendientes de los tics —señalando, corrigiendo o mostrando desaprobación— estos suelen intensificarse. Y cuando se elogian o se celebran de manera excesiva, pueden recibir una atención no deseada que también los hace más frecuentes. Lo más útil es aprender a “normalizar” los tics en la vida diaria, evitando tanto la sobre-reacción como la indiferencia hostil.
- Promover hábitos de sueño, actividad física y música
Black ha destacado en varias de sus revisiones la importancia de los factores de estilo de vida en la regulación de los tics. Dormir bien, practicar ejercicio con regularidad y realizar actividades musicales no solo tienen un impacto positivo en el ánimo y en la ansiedad, sino que también ayudan a reducir la frecuencia de los tics. El sueño insuficiente o fragmentado es uno de los desencadenantes más claros. Cuando la calidad del descanso se ve alterada, el sistema nervioso pierde parte de su capacidad reguladora y los tics tienden a intensificarse. Por el contrario, una noche de sueño reparador puede marcar la diferencia al día siguiente, con menos urgencia y mayor control.
El ejercicio físico, sobre todo el aeróbico, actúa como un modulador natural. Durante la actividad deportiva, los tics disminuyen de forma notable, y ese efecto puede extenderse, aunque en menor medida, a las horas posteriores. El movimiento rítmico que acompaña al deporte activa circuitos cerebrales que “compiten” con los impulsos motores del tic, ofreciendo una especie de canal alternativo para la energía. Algo parecido ocurre con la música. Tocar un instrumento, cantar o bailar implican patrones motores altamente organizados y secuenciados. En lugar de movimientos fragmentados e impulsivos, el cuerpo sigue una coreografía interna marcada por el ritmo. Este orden no solo interfiere con la aparición de los tics, sino que también produce placer, motivación y alivio de la tensión.
En la clínica lo vemos con frecuencia: tras una buena noche de descanso, después de una clase de deporte o en medio de una actividad musical, los tics suelen calmarse. Estos ejemplos muestran cómo, más allá de los tratamientos médicos y psicológicos, los hábitos cotidianos desempeñan un papel crucial en el bienestar de las personas con Tourette.
- Entrenar a familias y docentes para reconocer desencadenantes y reaccionar con calma
El papel del entorno inmediato —padres, madres, docentes, compañeros— es fundamental en la vida de un niño o adolescente con Tourette. Kevin Black ha insistido en que los tics no se producen en el vacío, sino que se ven modulados por lo que ocurre alrededor. Por eso es tan importante entrenar a quienes acompañan en el día a día.
Muchas veces, la reacción instintiva de un adulto es llamar la atención sobre el tic: “contrólate”, “hazlo más bajo”, “intenta parar”. Sin embargo, estas frases, aunque bien intencionadas, suelen tener el efecto contrario: el niño se siente observado, juzgado, y la tensión aumenta… lo que a su vez incrementa la urgencia de tic. Entrenar a las familias significa enseñarles a no añadir más presión.
Esto incluye aprender a detectar cuáles son los desencadenantes más frecuentes: el cansancio después de la escuela, las tareas de examen, los cambios en la rutina, la ansiedad social, los conflictos en casa. Cuando los padres y los docentes logran identificar esos momentos críticos, pueden anticiparse, ofrecer espacios de descanso o proponer actividades que distraigan y regulen.
Reaccionar con calma también significa no dramatizar el tic. Si el niño carraspea, parpadea o mueve el cuello, no es necesario interrumpir la clase o hacer un comentario cada vez. Una actitud serena y natural ayuda al niño a percibir que sus tics no lo definen ni lo aíslan. A veces basta con un gesto de complicidad, con dar permiso para levantarse un momento o con permitir que utilice una estrategia aprendida en terapia.
En definitiva, entrenar a las familias y a los docentes no es solo transmitir información, sino también enseñarles a crear un clima emocional seguro, donde el niño pueda convivir con sus tics sin miedo al juicio ni a la corrección constante. Ese cambio de mirada, más que cualquier técnica aislada, es lo que marca una diferencia profunda en la evolución.
- Aplicar terapias conductuales como CBIT
La CBIT (Comprehensive Behavioral Intervention for Tics) es la terapia con mayor evidencia en la reducción de tics. Black ha colaborado en la validación de este enfoque, que se basa en entrenar la conciencia del tic, aplicar una respuesta competitiva y reforzar la práctica diaria. Lo central no es eliminar los tics, sino aprender a manejarlos en determinados contextos y dar herramientas para reducir su impacto en la vida cotidiana. En CBIT, el refuerzo se centra en el intento y la constancia, no en el resultado inmediato.
- Tratar la ansiedad comórbida
La ansiedad y los trastornos obsesivo-compulsivos aparecen con frecuencia en quienes tienen Tourette. Black destaca que tratar estos síntomas comórbidos es fundamental, porque muchas veces son ellos los que agravan la percepción y la intensidad de los tics. Cuando se aborda la ansiedad con psicoterapia, técnicas de regulación emocional o, en algunos casos, con apoyo farmacológico, la persona no solo gana bienestar general, sino que también experimenta un alivio indirecto en sus tics.
- Explorar suplementos con supervisión médica, sin sustituir los tratamientos principales
En sus revisiones, Kevin Black recuerda que la búsqueda de alternativas —suplementos, dietas, vitaminas, probióticos— es comprensible, pero que hasta el momento la evidencia es limitada. No hay suplementos que sustituyan a los tratamientos principales, aunque algunos (como el magnesio con vitamina B6 o la L-teanina) se están estudiando en ensayos piloto. La recomendación es clara: cualquier intento en este sentido debe hacerse siempre con supervisión médica, para evitar falsas expectativas y riesgos innecesarios.
Como anticipó Ramón y Cajal, “todo hombre puede ser, si se lo propone, escultor de su propio cerebro”. Esta idea de la plasticidad cerebral se confirma hoy en la investigación moderna: los hábitos que cultivamos —el sueño, el movimiento, la música— no solo cambian nuestro día a día, sino que literalmente van modelando las conexiones neuronales que sostienen la autorregulación.
Referencia principal
- Iverson AM, Black KJ. Why Tic Severity Changes from Then to Now and from Here to There. J Clin Med. 2022;11(19):5930. doi:10.3390/jcm11195930
- La experiencia de vida de mis queridos pacientes que confirman cada uno de los factores mencionados.
Gracias por la información me ayuda mucho ahora en tiendo por qué mi niño cuando está con migo presenta más tic y cuando está con el papá no resulta que el constante mente le dice que se controle q el puede y yo no evito hacerlo xq para mí siento que lo culpo de manera inconsciente que tenga tics les agradezco que aya compartido está información espero el papá del niño lo lea
Gracias Maryuri por tus palabras, seguramente que si su papá lo lee podra comprender estas y muchas otras coasas. Un abrazo