La copropraxia y la coprolalia: los tics más estigmatizantes.

Aún hoy muchos médicos y psicólogos creen erróneamente que para diagnosticar el Síndrome de Tourette deben existir los tics de “las palabrotas”. También muchos piensan erróneamente, que la coprofenomenologia se debe a causas emocionales, a pensamientos reprimidos. Por lo tanto es importante tener claro ciertos conceptos:

·    La Copropraxia es la realización de movimientos inapropiados socialmente, de forma involuntaria.

·    La coprolalia es la emisión de palabras socialmente inapropiadas también de forma incontrolada.

·    El origen no es emocional, sino neurobiológico, al igual que el resto de los tics motores y fónicos.

·    El contenido puede ser sexual (obsceno), religioso (profano) o racial.

·    Se trata de un error muy frecuente considerar la presencia de esta clase de tics en todas las personas con Síndrome de Tourette. Solo entre un 15 % y un 19 % presenta coprolalia, mientras que entre un 4% y 5% copropraxia. Lamentablemente, es una de las características más temidas y también sensacionalistas del ST, ya que muchos han equiparado el ST a la coprofenomenologia.

·     Para quien no comprende qué es un tic, estos extraños tics pueden resultar muy curiosos y jocosos. Pero para las personas que lo padecen les producen altos niveles de estrés y malestar.

·     La irrupción de coprofenomenologia en edades tempranas, no significa que puedan permanecer en la adultez. Suelen observarse junto a conductas inapropiadas como escupir o conductas sexuales inapropiadas sin constituir tics por sí mismas.

¿TIC O PALABROTA? ¿CÓMO ME DOY CUENTA?

Se trata de una clase de tics que suelen causar mucha confusión. La pregunta más usual que suelen hacerse quienes conviven con personas con ST es cómo diferencio una copropraxia o una coprolalia de un auténtico comportamiento obsceno. ¿Es un tic o una obscenidad lo que acaba de hacer o decir? 

La clave está en el contexto en que se emite la coprolalia o se realiza la copropraxia. Éstas suelen aparecer descontextualizadas, es decir, no hay intencionalidad de hacer daño a otro. La persona que presenta copropraxia o coprolalia puede estar comunicándose de forma muy normal, educadamente y la obscenidad irrumpe en escena sin motivo alguno. La persona suele sentirse avergonzada e incluso intentará disimular o se disculpará. Intentará explicar su falta de intencionalidad (no lo puedo evitar)  en el mejor de los casos. Las palabras y gestos de insulto, suelen tener un contexto que les da sentido e intencionalidad. La persona insulta, dice o hace una obscenidad porque quiere agredir a otro, por el motivo que sea, tiene un correlato con el discurso o con las acciones que se vienen sucediendo. Si su deseo es agradar, no realizará ninguna obscenidad. A diferencia de una persona con copropraxia, que, en su intento por agradar, se torna nerviosa y dispara una coprolalia o copropraxia. Es una situación dramática para quien la vive. En cambio, para quien tiene intencionalidad, la obscenidad tendrá un sentido relacionado con el contexto real o imaginario en donde sucede.

    MI HIJO TIENE  COPROLALIA/PRAXIA, QUÉ ES MEJOR: ¿DEJAR PASAR? ¿CASTIGAR? ¿QUÉ HACER?

En el caso de los adultos, la mayoría han encontrado solos o con ayuda, formas de disimular sus coprolalias/praxias.

En el caso de los niños y adolescentes, estos tics complejos producen muchas alteraciones en las relaciones sociales. Si bien como norma general, intentamos que los tics sean normalizados por el entorno social que rodea a la persona con ST, esta clase de  tics no pueden serlo (por más buena intención que tenga el grupo, no puede vivir como “normal”  la irrupción de insultos o de gestos obscenos).

Si nos comportamos como “si nada ocurriera”, no estamos ayudando a ese niño, niña o adolescente a controlar estos tics. Pero tampoco el castigo debe ser en ningún caso un recurso para suprimir los famosos tics de las palabrotas u obscenidades. Lo único que se consigue es aumentar la frustración, la incomprensión y el consiguiente malestar. Para alguien con ST es realimentar el bucle del estrés -más tics – toc – ansiedad – impulsividad.

Se trata de darse cuenta que: “no somos culpables de tener ST, pero sí somos responsables de él”.

Por ello, es necesario una intervención psicoterapéutica específica, realizada por especialistas en ST, mediante Técnicas de Reversión de Habito o de Prevención y Exposición de Respuesta, combinadas con Relajación, a lo largo de un entrenamiento constante.  Gracias a este entrenamiento,  tanto niños, niñas, como adolescentes y adultos con coprofenomenologia aprenden a regular estos tics tan conflictivos.

Mediante la relajación y el conocimiento de sus sensaciones propioceptivas, aprenden de identificar la sensación de urgencia de los tics. Pueden, bajo este entrenamiento, cambiar estos tics fónicos por otra palabra similar, o por otro gesto similar pero carentes de obscenidad, sin aumentar la tensión interna. En el caso de los niños es muy importante no premiar el resultado final, sino la voluntad de querer cambiar, el compromiso. El buen vínculo entre paciente y terapeuta es fundamental en el éxito del abordaje, así como también ciertas aptitudes del paciente para comprender la propuesta terapéutica.  Este abordaje terapéutico les permite a las personas y personitas con ST hacer algo importante por sus tics, aumentando la  confianza en ellos mismos. Sienten que a pesar que el ST los acompañará a lo largo de su vida, sí pueden tener cierto control sobre él, sí pueden suprimir o disminuir sus tics, en los momentos que ellos decidan oportuno hacerlo. Abandonan así el bucle que los conducía hacia el malestar. A cambio de ello, transitan hacia una experiencia que los empodera frente a su síndrome, aumentando su autoestima y que mejora su calidad de vida.


2 comentarios en “La copropraxia y la coprolalia: los tics más estigmatizantes.”

  1. Muchas gracias, me ha ayudado mucho a entender conceptos que no entendía y uno debe manejar como madre de una hija con Síndrome de Tourett, desde ya muchas gracias 👏👏👏🙄💖

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    • Gracias a tí por tu comentario, María José. Pues justamente fue mi objetivo al escribir este artículo, que los padres pudieran tener herramientas para identificar una coprolalia.

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