El arte de amar, ser amados y amarnos a nosotros mismos

El amor… es una emoción compleja y multifacética que ha sido objeto de mucho debate y discusión a lo largo de la historia. Trasciende la geografía y las culturas. No hay una definición única del amor, ya que puede variar según el individuo y el contexto social e histórico en el que se experimenta. Pero de lo que no hay dudas es que ha sido una temática universal.

Aristóteles, 300 años antes de Cristo, en su visión filosófica, entendía el amor como un sentimiento de amistad y compañía. Para él, el amor surge cuando dos personas comparten intereses, valores y proyectos comunes, apoyándose mutuamente en su búsqueda de la felicidad. Es decir, el amor se basa en la amistad y la confianza.
La intimidad es otro componente clave en el amor de pareja, ya que implica una conexión profunda y comprensión entre dos personas. Se suele expresar a través del contacto físico, la cercanía emocional y las experiencias compartidas.
La pasión es otro aspecto importante del amor, especialmente en el de pareja, ya que se refiere a los intensos sentimientos de atracción y deseo que, a menudo, acompañan a las relaciones románticas.
Encontramos también un cuarto componente, que es el compromiso, que es esencial para cualquier relación duradera, ya que representa la voluntad de permanecer juntos en los buenos y malos tiempos.El compromiso, hoy en día tan temido en las relaciones de pareja, porque suele confundirse con la dependencia emocional.
Si bien estos cuatro elementos (amistad, confianza, intimidad, y compromiso) a menudo se consideran la base del amor, hay muchos otros factores que pueden contribuir a dar complejidad a este sentimiento básico. Por ejemplo, el sentimiento de deber. También se puede expresar de varias maneras, desde el encuentro físico hasta los actos de servicio.

Así, de manera sucinta, entendemos que no hay una forma correcta o incorrecta de amar, ya que es una experiencia única y personal para cada individuo. Teniendo en cuenta estas características, tampoco podemos hablar de amor tóxico, por ejemplo, porque atenta contra la esencia misma del amor.

Además del amor de pareja, encontramos otras formas de amar, que pueden incluir o no cierto contacto físico no erótico, pero sí incluyen la preservación de la integridad personal, la confianza, amistad y compromiso. Como el amor que podemos profesar en las relaciones familiares, en los grupos de amistad, o por qué no, a otros seres vivos no humanos, como nuestras mascotas. Tambien en encontramos el amor trascendental, que va más allá de las relaciones humanas. Es aquel que se dirige hacia un principio superior, un amor universal ligado a creencias espirituales o valores supremos.

A pesar de los desafíos de definir el amor, está claro que juega un papel vital en la vida humana. El amor nos proporciona un sentido de pertenencia, propósito y satisfacción. Guía nuestra existencia desde el principio de la vida. Necesitamos sentirnos amados para amar la vida. Nos ayuda superar los desafíos, crecer como individuos y hacer del mundo un lugar mejor. Sentirnos amados o no amados tiene un impacto significativo en nuestro bienestar emocional. Las experiencias tempranas, especialmente durante la niñez, moldean nuestras percepciones y expectativas sobre el amor y la aceptación. Gran parte de los conflictos humanos se relacionan con la vivencia de no sentirnos amados. Sentirnos amados o no amados puede estar relacionado con eventos tempranos, como la relación con nuestros padres o las figuras de cuidado. Sabemos en nuestro interior que estos vínculos influyen en nuestra autoimagen y determinan nuestras expectativas en las relaciones adultas.

Amarnos a nosotros

Pero tan importante como amar y sentirnos amados, nos resulta esencial mantener nuestra propia integridad en las relaciones, ya que esta es la base de la confianza y el respeto. De no ser asi, casi siempre terminarán siendo relaciones con pies de barro, o con fecha de caducidad. La integridad es lo que nos permite defender nuestras creencias, incluso cuando sea difícil. Porque mantener nuestra integridad nos permite vivir de acuerdo con nuestros valores y ser fieles a nosotros mismos.
El amor, entonces se nos presenta como la capacidad de mantener esta integridad y al mismo tiempo estar en contacto con otros seres humanos. Ese es el arte que se construye a diario. Porque requiere que nos cuidemos y establezcamos límites. Cuando podemos hacer esto, podemos dar más a los demás sin sacrificar nuestro propio bienestar.
Y en ese equilibrio, encontramos la fuerza para ser vulnerables mostrando nuestra intimidad, para compartir nuestras alegrías y tristezas, para dar y recibir. El amor nos permite abrirnos, pero también nos exige protegernos. Porque cuando nos encontramos en intimidad somos vulnerables, sí. Nos mostramos al desnudo, tal cual somos. Cuando encontramos confianza, amistad, compromiso, intimidad, sostenemos la vulnerabilidad y esto nos devuelve una imagen de aceptación y fortaleza.
Así que, en ese delicado equilibrio, nos damos cuenta que el amor tiene poco de sentimiento romántico, y mucho de elección consciente. Por eso amar. como decía Erich Fromm, es un arte y una paradoja. Es la capacidad de ser auténticos, de cuidarnos a nosotros mismos mientras nos conectamos con los demás.

A partir de aquí surgen muchas preguntas para que puedas seguir reflexionando, entre ellas:

¿Haz pensado alguna vez cómo podemos aprender a amarnos a nosotros mismos y aceptar nuestros defectos?
¿Qué papel juega el autocuidado en nuestra capacidad de amar y ser amados, qué prioridad le das al autocuidado en tu vida?
¿Sientes a veces algunas barreras para experimentar el amor y cómo podrías superarlas?
¿Cómo podemos cultivar límites saludables en nuestras relaciones para promover el amor propio?
¿Cuáles son los momentos de tu vida diaria donde practicas el amor propio y la autocompasión?

Te invito a que compartas tus reflexiones en a este tema universal en comentarios.

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