Cuando la mente frena… para no fallar.
Tres vidas, una pista en común
Mateo, 7 años, está aprendiendo a leer. A menudo, sus maestras se sorprenden porque, aunque sabe las palabras, tarda en responder. En las pruebas escolares, sus tiempos son más largos que los de sus compañeros, pero comete menos errores. Su psicopedagoga comenta: “Es como si se asegurara antes de decir algo”.
Lucía, 14 años, suele quedarse quieta durante unos segundos antes de levantar la mano en clase, incluso cuando sabe la respuesta. En casa, sus padres notan que evita ciertas tareas que impliquen presión. Ella misma describe: “Necesito pensarlo mucho antes de hablar o actuar, porque si no, siento que hago algo mal o raro”.
Julián, 40 años, ha aprendido a sobrellevar sus tics en el trabajo. Es meticuloso, reflexivo, y dice sentirse agotado al final del día por “todo el esfuerzo mental de controlarse”. Le cuesta reaccionar rápido en reuniones, pero rara vez se equivoca.
Los tres tienen algo en común: síndrome de Tourette. Y todos, a su modo, han desarrollado una estrategia que se repite: responder más lento para evitar errores, distracciones o reacciones impulsivas. No es que no puedan responder rápido, es que, inconscientemente, han aprendido a frenar para sostener el control.
El síndrome de Tourette es un trastorno del neurodesarrollo caracterizado por la presencia de múltiples tics motores y al menos un tic vocal, con una duración mayor a un año y un inicio antes de los 18 años. Los tics suelen ser involuntarios, rápidos, recurrentes y pueden variar en intensidad, frecuencia y localización a lo largo del tiempo. Muchos niños y adultos con ST presentan comorbilidades como TDAH, trastorno obsesivo compulsivo,ansiedad o dificultades en la autorregulación emocional.
Aunque los tics son el síntoma más visible, en muchas personas lo que genera mayor interferencia no son los tics en sí, sino la necesidad constante de controlarlos, la hipervigilancia frente al error, y la dificultad para gestionar impulsos o emociones intensas.
¿Qué nos dice la ciencia sobre esto?
Un estudio de la Universidad de Greifswald (Eichele, 2009) mostró que los niños con Tourette, aunque alcanzan niveles similares de precisión que sus compañeros en pruebas cognitivas tienden a responder más lentamente. Además, tras cometer errores, se toman más tiempo antes de la siguiente respuesta, fenómeno conocido como post-error slowing.
En la vida diaria, esto implica que los niños con Tourette podrían parecer lentos al responder preguntas en clase o al realizar tareas escolares, no por falta de conocimiento o atención, sino como estrategia protectora para evitar errores o controlar impulsos. Por ejemplo, podrían tardar más en levantar la mano para contestar o necesitar pausas más largas durante actividades que demandan atención sostenida, generando en ocasiones malentendidos en el aula o en casa si no se reconoce este esfuerzo interno.
Comprender que esta lentitud refleja una adaptación cognitiva saludable puede ayudar a reducir presiones externas y fomentar un entorno más comprensivo y respetuoso con sus necesidades reales.
Otro estudio de Jeter et al. (2014) evaluó a adolescentes con síndrome de Tourette (ST) mediante tareas que requieren control inhibitorio y memoria de trabajo, como ejercicios de seguimiento visual (prosaccade, antisaccade, 0-back y 1-back). Los investigadores encontraron que los adolescentes con tics moderados cometían más errores en tareas sencillas de atención inmediata (0-back) y tardaban más tiempo en tareas que implican mantener información reciente (1-back), en comparación con adolescentes neurotípicos o con ST leve. Esto sugiere que la gravedad del síndrome se asocia directamente con una ralentización cognitiva.

En la práctica cotidiana, esta ralentización implica que los adolescentes con Tourette podrían demorar más en contestar preguntas en clase, aunque conozcan la respuesta, debido al esfuerzo interno por controlar simultáneamente un tic motor y mantener activa la información en memoria. En evaluaciones escolares o psicológicas, estas pausas pueden malinterpretarse como distracción o desinterés cuando, en realidad, reflejan un gran esfuerzo de autorregulación. Por ejemplo, pueden perder momentáneamente el enfoque durante tareas visuales tras contener un tic ocular, requiriendo más tiempo y energía emocional para reorganizarse y continuar.
Reconocer este esfuerzo y permitirles pausas conscientes evita subestimar sus capacidades, promoviendo una evaluación más justa y estrategias que integren apoyo cognitivo (por ejemplo, ayudas visuales) y emocional (validación del esfuerzo). Para familias, comprender que «responder lentamente» no refleja pereza sino una autorregulación compleja y valiosa ayuda a reducir presiones y a brindar un acompañamiento emocional más efectivo.
Un estudio publicado en Scientific Reports (Indrajeet et al., 2022) reveló que adultos con Tourette presentan dificultades en la inhibición reactiva (detener un impulso inesperado), aunque mantienen preservada la inhibición proactiva (anticiparse y planificar situaciones). En la vida diaria, esto implica que pueden manejarse bien si están preparados (por ejemplo, en reuniones previstas), pero tienden a reaccionar impulsivamente ante eventos inesperados o emocionalmente intensos. Julián, por ejemplo, puede organizar exitosamente una conversación difícil con su pareja, pero reacciona de forma impulsiva ante críticas imprevistas. Clínicamente, se recomienda fortalecer la planificación anticipatoria y entrenar técnicas de manejo emocional (mindfulness, flexibilidad emocional) para mejorar las reacciones frente a situaciones inesperadas, validando además que estas dificultades no son falta de voluntad sino desafíos propios del Tourette.
Una revisión publicada en Brain Sciences (2017) analizó 30 años de investigación sobre funcionamiento neuropsicológico en personas con síndrome de Tourette (ST). Aunque no todas presentan dificultades cognitivas significativas, estas suelen aparecer principalmente asociadas a comorbilidades como TDAH o TOC y se acentúan en tareas complejas o simultáneas.
En la práctica cotidiana, esto significa que un adolescente podría tener buen desempeño en preguntas breves pero dificultades en tareas que requieran organización, argumentación o procesamiento simultáneo. Asimismo, adultos pueden rendir bien en actividades estructuradas pero sentirse sobrepasados en contextos sociales exigentes. Por ello, clínicamente es esencial evaluar más allá del rendimiento aparente, adaptar expectativas según la complejidad del contexto y ofrecer estrategias específicas para reducir la sobrecarga emocional y cognitiva diaria.
Un metaanálisis reciente de Schmid et al. (2024), publicado en Neuroscience & Biobehavioral Reviews, confirmó que niños con trastornos de tics, como Tourette, presentan retrasos moderados en funciones ejecutivas en comparación con niños neurotípicos. Estos déficits son menores que en TDAH, pero aumentan significativamente cuando hay comorbilidades o tareas cognitivas exigentes. En la vida cotidiana, esto significa que un niño con Tourette puede funcionar bien en contextos estructurados, pero experimentar bloqueos o errores impulsivos ante cambios inesperados o exigencias rápidas. Por ejemplo, Sofía puede completar tareas planificadas con guía, pero cometer errores cuando necesita reorganizarse súbitamente. Clínicamente, es fundamental evaluar funciones ejecutivas incluso sin diagnóstico comórbido, adaptar tareas según el contexto real del niño y enseñar estrategias para manejar frustración y errores con mayor flexibilidad emocional.
Estudios con electroencefalografía (EEG) como los de Eichele et al. (2016) y Bellato et al. (2020) muestran que niños con Tourette presentan patrones cerebrales distintos al monitorear errores, revelando una mayor activación neurofisiológica incluso cuando su desempeño parece correcto desde afuera. En el día a día, esto implica que aunque los niños logren funcionar aparentemente bien en el colegio o en casa, internamente están haciendo un esfuerzo extra que puede llevar a fatiga, irritabilidad o aumento de tics al final del día. Para familias y terapeutas, reconocer este desgaste interno es crucial: no solo deben apoyar el autocontrol, sino también ofrecer estrategias concretas para ayudarles a recuperarse emocionalmente después del esfuerzo inhibitorio diario.
Recomendaciones clínicas en cada etapa de la vida
Niñez (como Mateo)
Cognitivas
- Respetar tiempos individuales en tareas escolares, promoviendo la precisión sobre la rapidez. Estudios recientes sugieren que los niños con Tourette suelen optimizar el rendimiento mediante pausas reflexivas que reducen errores (Eichele, 2009).
- Integrar juegos que entrenen la flexibilidad cognitiva y la memoria de trabajo con actividades lúdicas estructuradas como rompecabezas dinámicos, juegos con reglas cambiantes o actividades basadas en anticipación visual (Schmid et al., 2024).
- Implementar estrategias visuales y auditivas para facilitar la planificación (pictogramas, cronogramas, agendas visuales) que ayuden a manejar la carga cognitiva asociada con la inhibición simultánea de tics.
Emocionales
- Validar de forma explícita la dificultad asociada al esfuerzo constante de autorregulación, reconociendo la fatiga emocional que puede acompañar al control sostenido durante el día (Eichele et al., 2016).
- Enseñar técnicas sencillas de respiración consciente y pausas breves para recuperar energía emocional tras actividades cognitivamente exigentes.
- Emplear metáforas adaptadas a la edad para explicar cómo la regulación de impulsos es una habilidad especial, resaltando fortalezas cognitivas y emocionales del niño.
Adolescencia (como Lucía)
Cognitivas
- Entrenar explícitamente la autoobservación y la metacognición mediante diarios cognitivos o aplicaciones tecnológicas para que los adolescentes registren momentos de inhibición excesiva y sus consecuencias.
- Introducir ejercicios de exposición gradual a situaciones de rendimiento bajo presión, combinados con técnicas de respiración y autorregulación sensorial para disminuir la ansiedad anticipatoria asociada al temor al error (Jeter et al., 2014).
- Utilizar apoyos visuales, como mapas conceptuales o esquemas organizativos, para facilitar la recuperación y organización rápida de información cuando la demanda cognitiva es alta.
Emocionales
- Crear espacios seguros en terapia y en casa para explorar y normalizar el error, reduciendo la hipersensibilidad al juicio social mediante técnicas de reestructuración cognitiva y exposición controlada.
- Fomentar la expresión emocional mediante arte, movimiento y música como vías alternativas para reducir la tensión interna acumulada por la necesidad constante de control inhibitorio (Indrajeet et al., 2022).
- Trabajar la identificación y regulación del enojo mediante técnicas específicas como mindfulness y role-playing, enfocándose en desarrollar un mejor manejo de las reacciones impulsivas.
Adultez (como Julián)
Cognitivas
- Introducir técnicas prácticas para flexibilizar el control cognitivo excesivamente rígido, como delegar tareas, apoyarse en recordatorios externos (agendas, alarmas) y establecer rutinas con pausas conscientes durante la jornada laboral.
- Implementar estrategias basadas en mindfulness para reducir la hiperconcentración y la fatiga cognitiva asociada al sobrecontrol inhibitorio (Bellato et al., 2020).
- Entrenar a los adultos en aceptación psicológica y técnicas de atención plena para diferenciar situaciones que realmente requieren inhibición proactiva de aquellas en las que una respuesta más espontánea es adaptativa.
Emocionales
- Explorar terapéuticamente la autoexigencia y la crítica interna, ayudando a transformar la relación con el error desde un juicio severo hacia una perspectiva más compasiva y realista.
- Facilitar estrategias que ayuden a reconocer y gestionar de forma consciente el intervalo entre emoción y acción, usando técnicas como la «pausa compasiva» y ejercicios prácticos de regulación emocional.
- Promover espacios sociales y familiares donde el adulto pueda expresarse con menor inhibición y más autenticidad, lo que puede ser profundamente terapéutico y reducir significativamente el agotamiento emocional diario (Indrajeet et al., 2022).
Reflexiones para una mejor comprensión clínica y familiar
Más allá de los datos científicos, es crucial entender que la lentitud observada en personas con Tourette no refleja una carencia o déficit, sino un esfuerzo constante y complejo para gestionar múltiples procesos simultáneamente. Este esfuerzo, como lo demuestran estudios recientes, conlleva una carga emocional y cognitiva considerable que puede llevar al agotamiento.
Personas como Mateo, Lucía y Julián utilizan la ralentización como una estrategia adaptativa. Reconocer esta lentitud como una expresión saludable de autocontrol, en lugar de interpretarla como una limitación, ayuda a disminuir presiones externas innecesarias y facilita la creación de un entorno más comprensivo y empático.
Desde un enfoque clínico y familiar, validar explícitamente el cansancio derivado del esfuerzo continuo por inhibir impulsos y controlar tics es fundamental para promover una autorregulación emocional efectiva y sostenible. Acompañarlos adecuadamente implica enseñar no solo a manejar los impulsos, sino también ofrecerles herramientas prácticas para recuperarse emocionalmente tras períodos de intensa autorregulación.
En los casos de Mateo, Lucía y Julián, no existe un fallo, sino una particular forma de gestionar su mundo interno para adaptarse mejor al entorno. Comprender que la autorregulación en personas con Tourette no siempre implica respuestas rápidas, sino a menudo pausas voluntarias, es esencial para su bienestar.
Finalmente, reconocer y valorar estas experiencias permite diseñar intervenciones más empáticas y efectivas. Al comprender y aceptar la complejidad que subyace detrás de cada acción aparentemente sencilla, quienes viven con Tourette pueden afrontar su día a día con mayor equilibrio y bienestar emocional.
La clínica, la escuela y la familia deben reconocer que, frecuentemente, saber frenar también es una muestra de madurez cognitiva y emocional.

“El control no siempre se impone; en ocasiones, se aprende como el arte de sostenerse en medio del ruido.” – Parafraseando a Leckman y Peterson, pioneros en el estudio del Síndrome de Tourette.
La regulación no siempre se expresa en rapidez o eficiencia inmediata; en ocasiones, la verdadera autorregulación se refleja en saber cuándo frenar. Entender esto permite a pacientes, familias y profesionales transformar la lentitud percibida en una manifestación de madurez cognitiva y emocional.
BIBLIOGRAFÍA
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- Bellato, A., et al. (2020). Neurophysiological correlates of error monitoring in obsessive–compulsive disorder and Tourette syndrome: A meta-analysis. Neuroscience & Biobehavioral Reviews, 113, 299–315. https://doi.org/10.1016/j.neubiorev.2020.03.014
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